No fue un golpe torpe.
Fue un golpe preciso.
El tipo de golpe que detiene una sala entera.
Todos se giraron.
Incluso el juez dejó el mazo suspendido en el aire.
En la puerta estaba una mujer.
Alta.
Elegante.
Cabello negro recogido en un chongo perfecto.
Traje oscuro impecable.
No parecía nerviosa.
Parecía… molesta.