Las alarmas comenzaron a sonar.

Un pitido agudo llenó la habitación.

**Bip—Bip—Bip—Bip—**

Clara se apartó de inmediato, el corazón golpeándole el pecho con fuerza.

—¡Dios mío…!

Presionó el botón de emergencia en la pared.

En menos de diez segundos, la puerta de la suite se abrió con violencia.

Dos enfermeros y el doctor Almeida entraron corriendo.

—¿Qué ocurrió?

Clara apenas podía hablar.

—Él… él… se movió.

El doctor miró el monitor.

La actividad cerebral había cambiado.

El ritmo cardíaco estaba acelerado.

—¡Señor Duarte! —dijo el médico inclinándose sobre él—. Si puede oírme, intente abrir los ojos.

Durante un momento nadie respiró.

Leave a Comment