Me eché a reír a carcajadas.
Por alguna razón, hablar con él me resultaba fácil.
Natural.
Sin expectativas.
Sin heridas del pasado.
Esa tarde hablamos durante horas.
Sobre negocios.
Sobre viajes.
Sobre la vida después de los cuarenta.
Cuando finalmente nos despedimos, Daniel dijo algo que se me quedó grabado.
“Algunas personas piensan que perder algo significa que todo ha terminado.”
“Pero a veces perder algo simplemente significa que la vida está haciendo espacio para algo mejor.”
Caminé a casa pensando en esas palabras.
Esa noche me miré en el espejo.
La mujer que me devolvía la mirada era diferente.
Más fuerte.
Más tranquilo.
Más feliz.
Ella había perdido un matrimonio.
Pero había recuperado algo mucho más importante.
Sí misma.
Y por primera vez en muchos años…
El futuro parecía lleno de posibilidades.