Las alarmas comenzaron a sonar.

—¿Está hablando en serio?

Henrique asintió.

—Usted me cuidó cuando nadie más lo hizo.

—Ahora es mi turno.

Un año después, una pequeña clínica abrió sus puertas en la zona más pobre de São Paulo.

En la entrada había una placa sencilla:

**Clínica Esperança – Fundación Duarte**

Debajo, en letras más pequeñas:

**Directora médica: Clara Martins**

El día de la inauguración, periodistas rodeaban el lugar.

Henrique estaba allí, completamente recuperado.

Pero lo que más llamaba la atención era cómo miraba a Clara.

Con gratitud.

Con admiración.

Con algo más.

Cuando todos se fueron, quedaron solos frente al edificio.

Henrique habló en voz baja.

—Hace un año pensé que mi vida había terminado.

Clara sonrió.

—Y yo pensé que estaba besando a un hombre dormido.

Henrique rió.

—Tal vez ese beso cambió todo.

La miró con seriedad.

—Clara…

—¿Sí?

Henrique tomó su mano.

—Esta vez… ¿puedo besarte yo?

Clara lo miró a los ojos.

Y sonrió.

—Esta vez… estoy completamente despierta. 💫

 

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