Otro signo visible es la coloración ocular. Si la parte blanca del ojo se torna rojiza, puede deberse a una irritación pasajera, pero si el enrojecimiento persiste, podría tratarse de una infección, inflamación o incluso un glaucoma, una afección que puede llevar a la ceguera si no se trata. Por otro lado, una esclerótica de tono amarillento es un indicativo claro de ictericia, lo que sugiere problemas hepáticos. Este síntoma aparece cuando hay acumulación de bilirrubina, generalmente como resultado de hepatitis, enfermedades autoinmunes o trastornos metabólicos.
Las manchas en los ojos también pueden proporcionar pistas importantes sobre la salud. Una hemorragia subconjuntival, que se presenta como una mancha roja en la parte blanca del ojo, suele ser inofensiva y desaparecer en pocos días. Sin embargo, si ocurre con frecuencia, podría estar relacionada con hipertensión arterial, diabetes o trastornos de la coagulación. En estos casos, es recomendable una evaluación médica para descartar problemas circulatorios.
Otro cambio que no debe pasarse por alto es la aparición de un anillo blanco o grisáceo alrededor de la córnea, conocido como arcus senilis. En personas mayores, este anillo suele ser inofensivo, pero en adultos jóvenes podría ser una señal de colesterol alto o triglicéridos elevados, lo que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares.


