La abandonó por otra mujer… pero cuando la vio feliz con un hombre mayor, perdió el control.

La abandonó por otra mujer… pero cuando la vio feliz con un hombre mayor, perdió el control.

Lo cambió todo por estatus… hasta que la vio sonreír del brazo de un hombre al que jamás podría vencer

Valeria Salgado se miró al espejo y, por un instante, creyó que la vida por fin estaba a punto de recompensarla.

El vestido color vino le abrazaba la figura con elegancia, el maquillaje era discreto y exacto, y en sus ojos brillaba esa mezcla de nervios e ilusión que solo aparece cuando una mujer está a punto de escuchar las palabras que ha esperado durante años. Esa noche se cumplían cinco años desde su primera cita con Rodrigo Alcázar. Cinco años de madrugadas compartidas, planes a media voz, desayunos improvisados y promesas lanzadas al aire como si fueran eternas.

El mensaje llegó justo cuando terminaba de ponerse los aretes.

Ya estoy abajo. Lista para nuestra noche especial.

Valeria sonrió.

“Hoy me lo pide”, pensó.

El restaurante era uno de los más exclusivos de San Pedro, con vista a las luces de Monterrey extendiéndose como un collar de fuego bajo el ventanal. Había champán en la mesa. Velas. Una reservación privada. Todo parecía diseñado para una propuesta.

Solo había un problema.

Rodrigo no la miraba como un hombre enamorado.

La miraba como alguien que ensaya una salida.

—Te ves muy bien —dijo él, sin sostenerle la mirada.

Valeria se sentó despacio, intentando no escuchar el aviso interior que comenzaba a crecerle en el pecho.

Durante la cena, Rodrigo habló del clima, de un nuevo cliente, de una posible expansión en la empresa. Nada de ellos. Nada del futuro. Nada del anillo que Valeria sentía ya casi en la yema de los dedos.

Hasta que dejó los cubiertos sobre el plato y dijo:

—Tenemos que hablar.

Leave a Comment