¿Y si Jennifer tenía razón y todo fue culpa mía?
Pero luego recordé el correo electrónico (el plan quinquenal, la extracción calculada) y recordé algo más.
Había criado a Michael para que fuera fuerte. Capaz. Ingenioso.
Si ahora estaba fracasando, no era porque yo hubiera retirado mi dinero. Era porque nunca había aprendido a valerse por sí mismo mientras Jennifer estuviera ahí para apoyarme.
El miedo no desapareció.
Se transformó en algo más difícil.
Determinación.
Yo no me rompería.
Yo no me rendiría.
Esta vez no.
15 de febrero.
Estaba leyendo en mi sala de estar cuando Margaret llamó.
—Linda, enciende tu computadora. Revisa tu correo electrónico ahora mismo. —Su voz era urgente.