…Gabriel miró uno por uno los rostros frente a él.

Ricardo miró a Elena por primera vez con atención.

—¿Cómo sabes esa canción?

Elena bajó la mirada.

—Porque… Mariana me la enseñó.

Ricardo frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Elena respiró hondo.

Durante meses había guardado ese secreto.

Pero ya no podía.

—Señor… antes de trabajar aquí…

—Yo trabajaba en el hospital donde nació Gabriel.

El corazón de Ricardo dio un salto.

—¿En el hospital?

Elena asintió.

—Yo era auxiliar de enfermería.

Miró a Gabriel con ternura.

—El día que nació… Mariana estaba muy asustada.

—Me tomó la mano y me dijo algo.

Ricardo sintió un nudo en la garganta.

—¿Qué dijo?

Elena levantó la mirada.

—Me dijo: “Si algún día yo no estoy… prométeme que alguien cuidará de mi hijo como si fuera suyo.”

El silencio fue absoluto.

Ricardo sintió que algo se rompía dentro de él.

Durante meses había tratado de llenar el vacío con lógica.

Pero ahora entendía algo que había ignorado.

Su hijo no necesitaba una mujer rica.

Necesitaba **amor**.

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