No preocupación. No es urgencia. Solo reglas usadas como escudo.
Entonces Ximena habla.
“Dijo que si mi madre causaba problemas, ya no trabajaría aquí.”
Todas las miradas se dirigen a Esteban.
Se recupera rápido. “Los niños se malinterpretan.”
“No lo he malinterpretado”, dice, con la voz temblorosa pero firme. “Le dijiste que firmara algo.”
Un músculo se tensa en su mandíbula.
Te levantas. “¿Qué le hiciste firmar?”
“Nada ilegal.”
La respuesta es descuido.
“No fue tu mejor elección”, dices.
Rafa se acerca, lo justo para cambiar el equilibrio. Esteban se endereza, pero los bordes de su control ya están resbalando.
Entonces Ximena dice las palabras que lo rompen todo.
“Por favor, no dejes que vuelva a bajar a mi madre.”