Los párpados de Henrique temblaron.
Luego… lentamente…
se abrieron.
Los ojos de Clara se llenaron de lágrimas.
Seis meses.
Seis meses sin respuesta.
Y ahora él estaba mirando directamente al techo… confundido, pero despierto.
—Increíble… —murmuró el doctor Almeida.
Henrique giró ligeramente la cabeza.
Sus ojos oscuros encontraron a Clara.
Parecía luchar por enfocar.
—¿Dónde…? —susurró con una voz rasposa.
El médico sonrió.
—Está en el Hospital São Gabriel. Tuvo un accidente, pero acaba de despertar.
Henrique tardó unos segundos en procesarlo.
Luego su mirada volvió a Clara.
Algo cambió en su expresión.
Reconocimiento.
—Tú… —murmuró.
Clara parpadeó, sorprendida.
—¿Me… recuerda?
Henrique respiró profundo.
—La voz…
El doctor frunció el ceño.
—¿Qué voz?
Henrique habló con dificultad.
—La… que hablaba… todas las noches.
Clara sintió un nudo en la garganta.
—Yo… solo hablaba para que no estuviera solo.
El médico se quedó en silencio.
Había estudios que decían que los pacientes en coma podían oír.
Pero verlo… era otra cosa.
Henrique levantó la mano débilmente.
Clara dudó un segundo… luego la tomó.
—Pensé que soñaba —dijo él con dificultad—. La voz… hablaba de una clínica… para gente pobre.
Las lágrimas de Clara comenzaron a caer.
—Sí…
Henrique cerró los ojos unos segundos.
—Pensé que era mi mente.
Volvió a mirarla.
—Pero eras tú.
—
Las noticias del milagro se propagaron por todo el hospital.
El multimillonario que despertó después de seis meses.
Los médicos hablaban de recuperación extraordinaria.
Los periódicos hablaban de “el empresario que volvió de la muerte”.
Pero Henrique tenía una sola pregunta.
—¿Dónde está la enfermera de la noche?
Clara intentó mantenerse distante.
Después de todo, era su trabajo.
Y él era uno de los hombres más ricos de Brasil.
Pero cada vez que él despertaba… preguntaba por ella.
Una tarde, tres semanas después, Henrique ya podía sentarse en la cama.
Clara entró para revisar sus signos vitales.
—Su recuperación es sorprendente —dijo ella, intentando mantener el tono profesional.
Henrique la observó en silencio.
—¿Por qué me hablaba?
Clara se encogió de hombros.