Las alarmas comenzaron a sonar.

—Porque nadie más lo hacía.

Henrique bajó la mirada.

—Mi familia estaba esperando que muriera.

Clara no respondió.

Lo sabía.

Había visto a los abogados venir más que a los parientes.

Henrique volvió a mirarla.

—Pero usted no.

Clara sonrió suavemente.

—Yo solo hacía mi trabajo.

Henrique negó con la cabeza.

—No.

—Usted me devolvió la vida.

El silencio se volvió profundo.

Entonces Henrique dijo algo que ella no esperaba.

—Escuché todo.

Clara frunció el ceño.

—¿Todo?

—Su sueño.

—La clínica.

—El alquiler atrasado.

—Incluso cuando lloró aquella noche.

Clara se quedó paralizada.

—Pensé que nadie me oía.

Henrique habló con calma.

—Yo sí.

Se inclinó un poco hacia ella.

—Y cuando me besó…

Clara se puso roja de inmediato.

—¡Yo pensé que estaba inconsciente!

Henrique sonrió por primera vez.

—Lo estaba.

—Pero creo que ese beso fue lo último que necesitaba para volver.

Clara no sabía si reír o desaparecer.

—Eso fue completamente inapropiado.

Henrique respondió con una mirada tranquila.

—Fue humano.

El silencio volvió.

Luego Henrique dijo:

—¿Cuánto cuesta abrir esa clínica?

Clara lo miró sorprendida.

—¿Qué?

—Su sueño.

—La clínica para gente que no puede pagar.

—¿Cuánto cuesta?

Clara negó lentamente.

—No es algo que pueda pagar.

Henrique tomó su mano.

—Yo sí.

—Pero solo con una condición.

—¿Cuál?

Henrique sonrió suavemente.

—Que la dirija usted.

Clara sintió que el mundo se detenía.

Leave a Comment