Los resultados
Los resultados fueron sorprendentes. La biología de María sugería que era entre 10 y 15 años más joven que su edad real, lo que la convertía en una centenario llena de energía a sus 117 años.
Tenía niveles excepcionalmente bajos de colesterol «malo» y triglicéridos, junto con niveles muy altos de colesterol «bueno».
Su larga vida también se vio favorecida por hábitos saludables. Hacía ejercicio con regularidad, evitaba el tabaco y el alcohol y mantenía una vida social activa. María tenía otro hábito inusual que puede haber contribuido a su longevidad: su amor por el yogur.
Le gustaba la marca española La Fageda, un yogur probiótico conocido por sus bacterias que combaten la inflamación. Sus mañanas solían comenzar con un batido repleto de ocho cereales diferentes.

Los científicos también observaron características únicas en sus telómeros, las capas protectoras que se encuentran en los extremos de los cromosomas. Aunque los telómeros cortos suelen estar relacionados con una mayor mortalidad, las investigaciones sugieren que pueden no ser un indicador fiable del envejecimiento en personas muy mayores. En el caso de María, es posible que sus telómeros cortos incluso la hayan ayudado a protegerse, limitando potencialmente el crecimiento de las células cancerosas.
«La imagen que se desprende de nuestro estudio, aunque se deriva únicamente de este individuo excepcional, muestra que la edad extremadamente avanzada y la mala salud no están intrínsecamente relacionadas», afirmaron los investigadores, liderados por los epigenetistas Eloy Santos-Pujol y Aleix Noguera-Castells, según Science Alert.
El Dr. Esteller concluyó: «Las claves para una longevidad extrema son una mezcla entre lo que heredamos de nuestros padres y lo que hacemos en nuestras vidas. Esta mezcla, el porcentaje depende, pero puede ser […] mitad y mitad».