—Que me des un hijo.

—Todo eso sigue siendo tuyo. Nunca compro el amor de nadie.

La miré durante un largo minuto.

Luego entendí algo que nadie más había visto.

Durante toda su vida, aquella mujer había sido temida, respetada, envidiada…

pero nunca **amada de verdad**.

Respiré hondo.

—Verónica…

Ella levantó la mirada.

—No me casé contigo por tu dinero.

Me acerqué.

—Y tampoco quiero ser solo tu heredero.

Tomé su mano.

—Quiero ser tu familia.

Por primera vez desde que la conocía…

los ojos de aquella mujer poderosa se llenaron de lágrimas.

Porque después de sesenta años rodeada de riqueza…

finalmente había encontrado algo que su fortuna jamás había podido comprar.

**Alguien que eligiera quedarse.**

Leave a Comment