Sofía sostuvo el teléfono unos segundos después de que la llamada terminara.

Luego al hombre más temido de São Paulo.

Un asesino.

Un monstruo.

Pero también…

El único que la había salvado.

Respiró profundo.

—Está bien.

Mateo levantó una ceja.

—¿Sí?

Sofía sonrió débilmente.

—Pero con una condición.

—¿Cuál?

Ella miró a Laura.

—Que esta niña crezca en un mundo diferente al suyo.

Mateo no respondió.

Pero por primera vez en muchos años…

El Fantasma sonrió.

 

Leave a Comment