Treinta minutos después, la pantalla del tribunal mostró el video.
Una imagen borrosa.
Renata entrando a la habitación.
Unos minutos después…
saliendo.
Mirando a ambos lados.
Y metiendo algo pequeño en el bolso colgado en el perchero.
El bolso de Mariana.
El fiscal se quedó sin palabras.
El juez cerró los ojos un segundo.
—Señora Renata Montemayor… queda detenida por manipulación de evidencia y falso testimonio.
Los policías se acercaron.
Renata empezó a gritar.
—¡Esto es ridículo! ¡Santiago, haz algo!
Pero Santiago no se movió.
Estaba mirando a Mariana.
Por primera vez.
Los niños corrieron hacia ella.
—¡Sabíamos que no habías robado nada!
Mariana cayó de rodillas y los abrazó con fuerza.
Los guantes amarillos se arrugaron contra sus pequeñas espaldas.
Lloraba.
Pero ya no de miedo.
El juez golpeó el mazo una última vez.
—Se retiran todos los cargos contra la señora Mariana Hernández.
La sala explotó en murmullos.