—Exactamente.
Esa tarde terminamos el primer cuadro.
Era sencillo.
Un jardín iluminado.
Una casa blanca.
Dos figuras sentadas en la terraza.
En la esquina inferior escribí el título:
Renacer.
Esa noche, antes de dormir, caminé por la casa lentamente.
Toqué las paredes.
Abrí las ventanas.
Respiré profundo.
Había pasado todo el camino creyendo que me estaban abandonando.
Pero me estaban sorprendiendo.
El miedo había hablado más fuerte que la confianza.
Y aun así, el amor había vencido.
Me acosté en la cama nueva escuchando el murmullo de la fuente en el jardín.