Sofía sostuvo el teléfono unos segundos después de que la llamada terminara.

.

—Amenazas.

—Dijo que si lo dejaba… me mataría.

Sofía respiraba entrecortado.

—Huí cuando Laura nació.

Mateo habló con calma.

—¿Y él te encontró?

—Creo que sí.

El silencio se hizo pesado.

Mateo miró a la bebé dormida.

Luego a Sofía.

—Quédate aquí.

Sofía parpadeó.

—¿Qué?

—En la casa.

—Hasta que esto termine.

—No puedo…

—Tengo trabajo.

Mateo respondió sin emoción.

—Ahora trabajas aquí.

Sofía no sabía si aceptar.

Pero entonces recordó la cara de Bruno.

Y supo que no tenía otra opción.

—Está bien.

Tres días después, Bruno apareció.

Intentó entrar por el portón.

Gritó el nombre de Sofía.

Sacó un arma.

Pero no sabía dónde estaba.

Ni con quién.

Los hombres de Mateo lo rodearon.

El Fantasma apareció frente a él.

—Buscas a alguien.

Bruno levantó el arma.

No tuvo tiempo de disparar.

Dos horas después, Bruno desapareció.

Como tantos otros.

Nadie volvió a verlo.

Esa noche Sofía estaba en el jardín con Laura en brazos.

Mateo se acercó.

—Ya no volverá.

Sofía lo miró.

—¿Qué hiciste?

Mateo respondió con frialdad.

—Lo que hago.

Silencio.

—Ahora estás a salvo.

Sofía abrazó a su hija.

—No sé cómo agradecerle.

Mateo la observó.

Luego dijo algo inesperado.

—Cásate conmigo.

El mundo pareció detenerse.

—¿Qué?

Mateo mantuvo la mirada.

—Laura necesita protección.

—Y yo… necesito algo que me recuerde que todavía soy humano.

Sofía no sabía si reír o llorar.

—Usted no me conoce.

Mateo miró a la bebé.

—La conozco lo suficiente.

—Eres la única persona que entró a esta casa sin miedo al dinero.

—Solo con miedo por su hija.

Silencio.

—Eso es raro.

Sofía bajó la mirada.

—¿Y si digo que no?

Mateo se encogió de hombros.

—Entonces seguirás aquí.

—Igualmente protegida.

—Porque Laura me recuerda a alguien que perdí.

Sofía sintió lágrimas en los ojos.

Miró a su hija.

Leave a Comment