La primera advertencia de la azafata
Megan, una joven azafata de ojos amables, llegó rápido.
Aisha explicó la situación educadamente, manteniendo un tono calmado y respetuoso.
Megan se arrodilló junto al chico y habló con suavidad. “Hola — tenemos que mantener los pies quietos, ¿vale? Seamos buenos pasajeros.”
Fue entonces cuando Linda finalmente reaccionó.
Ella levantó la cabeza de golpe, su voz tan cortante como cristales rotos:
“Es solo un niño. Tenéis que dejar de ser dramáticos.”
“Vosotros.”
Aisha parpadeó.
Las palabras dolieron más que la patada.
Un par de pasajeros se dieron la vuelta. La sonrisa de Megan vaciló.
“Señora”, dijo la azafata con cautela, “el comportamiento de su hijo está molestando al pasajero que tiene delante—”
Linda echó la cabeza hacia atrás y resopló en voz alta.
“Oh, POR FAVOR. El problema no es él. Es ese mono negro quejándose porque quiere llamar la atención.”